En las últimas semanas la sequía ha concedido una pequeña tregua. Lluvias leves y continuadas, en general sin grandes chaparrones, han sido todo un regalo para una comunidad preocupada, animales sedientos y un suelo ávido de agua.  Esto, no sólo ha sido bueno en el sentido de una gran contribución a las reservas nacionales, sino también, por la forma en que ha ocurrido. La lluvia leve y continuada es la manera en la que los suelos y los sustratos absorben mejor el preciado elemento, dándose de este modo una infiltración lenta, sin saturaciones repentinas y taponamiento de poros superficiales, y, lo que es más importante, evita los encharcamientos, las erosiones y pérdidas de suelo derivadas de la escorrentía.

En este sentido, dichas lluvias han generado una breve sensación de tranquilidad. Sin embargo, los datos y registros hidrográficos de la última década, proporcionados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio ambiente, no son del todo alentadores. Desde el año 2013 existe una clara tendencia a la baja en la media anual de reservas hidrográficas del Estado y esto sumado a la poca eficiencia de utilización del agua en algunos casos y la creciente demanda de productos agrícolas, hace del sistema actual de producción un sistema que debemos entre todos analizar.

Incluimos ahora algunos informes hidrográficos a escala nacional y de algunas comunidades autónomas, así como el estado de los embalses a primeros de marzo (fuente: www.embalses.net)

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